COLUMNA DOMINICAL
PASIÓN Y FRIALDAD
Por: Julián David Rincón Rivera (Colombia)
Correo electrónico: electrónico: rinconriverajulian@gmail.com

Sabine es una mujer alemana. Es alta, mona, delgada y ojiverde. Típico estereotipo europeo. La conocí por medio de un video en internet. Es una alemana que vive en Colombia. Su madre vino de Alemania para conocer el país. Sabine la llevó a Corabastos. Allí, evidenció de primera mano la gran variedad de colores, olores y sabores de las frutas y verduras. La mujer quedó fascinada. Lloró de la emoción. Su llanto parecía auténtico. No creo que finja un llanto por estas razones, aun así, en internet nunca se sabe. La gente, por unas cuantas visualizaciones, es capaz de cualquier cosa.
Sabine es youtuber, ¿O es influencer? No sé exactamente la diferencia. Tuve que investigarlo en internet. Básicamente, el youtuber es la persona que se centra en crear contenido para esta plataforma. El influencer es el que tiene un gran número de seguidores en alguna red social y, por consiguiente, tiene un gran poder e influencia sobre estos.
¡Qué peligroso puede llegar a ser un influencer!
En este sentido, Sabine debe ser youtuber, ya que el único contenido que le conozco es en YouTube. Aunque, seguramente, si tiene un canal de YouTube, debe estar también en las redes sociales. ¿Cuánta cantidad de seguidores se necesitan para ser un “influencer”? Tuve que volver a investigar. Según lo que se dice en internet, no existe una cifra definitiva, sin embargo, se considera que a partir de los mil seguidores una personalidad en internet empieza a ser influenciable. Además de este dato, es sorprendente encontrar una clasificación donde se categorizan los niveles de los influenciadores según la cantidad de seguidores: Nano, Micro, Macro y Mega-influencer.
¡Qué curioso e interesante!
A punto estuve de admitir que, para mí, Sabine es simplemente una youtuber, ya que no manejo ninguna red social. Aun así, me pregunté si YouTube no es una red social en sí misma. Una vez más tuve que investigar. Di con un debate el cual no me interesa y en el cual no quiero recalar, así que, para mí, Sabine es una youtuber alemana que un día viajó a Colombia y se enamoró del país y de un colombiano. El amor fue tal, que decidió dejar su vida en Alemania para quedarse a vivir en Colombia.
Su contenido se centra en todas esas pequeñas cosas que una alemana ama de Colombia y que un colombiano tiende a pasar por alto por hábito y costumbre. Aquí puede aplicar a la perfección eso que dicen de que uno no sabe lo que tiene hasta que lo pierde. Curiosamente, me doy cuenta de que los que más valoran al país son los que, por uno u otro motivo, migran. Bueno, no es que valoren al país en sí mismo, sino pequeñas cosas. Aunque estas pequeñas cosas pueden ser la representación, el significado o la identidad de un país. Como, por ejemplo, la comida. Varios conocidos que han estado lejos del país por algunas temporadas han repetido frecuentemente que una de las cosas que más extrañan es la comida. No me había detenido a analizarlo hasta que vi a la madre de Sabine llorar por la cantidad de variedad de Corabastos. Nunca he estado en Corabastos, o si he estado, la verdad es que no lo recuerdo. Aun así, ver a través del video de Sabine toda la cantidad de variedad, colores, tamaños y formas, todo apilado en grandes cantidades, me lleva a considerar este hecho. Según tengo entendido, Colombia es el país con la mayor variedad de frutas debido a su diversidad de pisos térmicos. En este sentido, si migrara del país a Estados Unidos, por ejemplo, donde la gran mayoría de las frutas son importadas y muchas de ellas se consiguen, pero en un alto costo, estaría jodido, ya que me gustan mucho las frutas. Así que, en este sentido, podemos considerarnos privilegiados, aunque ese privilegio se condensa en certeza cuando descubrimos que los aguacates no saben igual aquí que en Norteamérica, o que el jugo de lulo es una cosa exótica en Dinamarca o Japón.
Aunque esto parece interesante, valioso, incluso importante, mi propósito no es hablar de todos los privilegios y maravillas de Colombia a través de una alemana. Si menciono a Sabine es porque la recordé mientras hablaba con Miguel acerca de la eliminación de la selección Colombia del mundial de fútbol. Miguel sabe bien que el fútbol no me interesa como antes, que la FIFA es una institución a la cual no le tengo mucho aprecio, que el mundial de fútbol no es lo que todos aparentemente creen, y también conoce muy bien todas mis razones. Sí me preguntó por mi opinión acerca de la eliminación de la selección Colombia del mundial fue con el propósito de poner un tema de conversación, o eso creo. Lo importante aquí es que esa opinión que él me pidió me vale no solo para hablar de fútbol, sino de un aspecto que me parece muy característico de nuestra cultura.
—Cobraron muy mal los penaltis —dijo.
—Se veía venir.
—¿Por qué lo dice?
Sabine, contagiada por el clima futbolero que acogió el país durante el mundial, publicó un Short en YouTube donde dijo estar fascinada por la manera como nosotros, los colombianos, vivimos el fútbol.
—Los colombianos son muy apasionados.
Comparó este comportamiento con la manera como los alemanes viven el fútbol en su país.
—Allí somos más frívolos, indiferentes y apáticos.
Sabine tiene razón, y no exclusivamente en lo referente al fútbol.
Hace algunos años, en lo que era una campaña de marketing para fomentar el turismo en el país, se desarrolló el logo y slogan “Colombia es pasión”. Si usted es colombiano, seguramente recordará ese logo de un corazón con lo que parecen dos llamitas en la parte superior, o esa canción que interpretaron varios artistas colombianos y representa el himno de la campaña. No sé si la campaña fracasó, le hizo falta inversión o se transformó en alguna otra cosa. La realidad es que tanto el logo como la canción quedaron para el recuerdo.
Sabine ofrece una apreciación muy acertada de lo que es la cultura colombiana. Esa “pasión” refleja la emotividad y el sentimiento que solemos aplicar en muchos aspectos de la vida. Estas características nos permiten ser más cálidos, amigables, cercanos, incluso empáticos. De hecho, muchos visitantes afirman que uno de los aspectos que más les fascina es la calidez y hospitalidad de la gente, que hace un esfuerzo consciente por hacer sentir al visitante como en casa. De allí la emblemática frase turística por excelencia del país: El riesgo es que te quieras quedar. Si no lo creen, pregúntenle a la alemana.
Sin lugar a duda, esto representa un motivo de orgullo para todos los colombianos. Sin embargo, no puedo negar que cierta dosis de “frivolidad” de los alemanes nos hace falta. Tal vez, de no haber pecado de un exceso de emotividad y haber controlado de mejor manera las emociones, lo cual conlleva a una toma de decisiones más asertiva, la selección Colombia de fútbol no hubiera quedado eliminada por Suiza en la definición desde el punto penal. De hecho, no es la primera vez que le sucede. Suele pasar que cuando se prioriza la pasión, se deja de lado un elemento racional que nos permite controlar y gestionar las emociones. Es precisamente la frialdad, dirigida por la razón, la que nos permite tomar mejores decisiones en los momentos más difíciles. Esa pasión se caracteriza por priorizar la emotividad que no está sustentada por la razón. En comparación, la frialdad y moderación de los alemanes parece estar dirigida por la razón. Esto les permite controlar sus emociones y responder de mejor manera a ciertas circunstancias donde, comúnmente, nosotros fallamos. Fue entonces esa pasión y emotividad sin control lo que le salió caro a la selección Colombia de Fútbol en el momento donde no se podía fallar.
Con esto no quiero decir que se olvide o se limite esa emotividad y sentimiento, expresados en la pasión, que tanto nos caracteriza. Es aprender a darle un espacio o prioridad a la razón en ciertos momentos y circunstancias donde necesitamos de esa frivolidad y nos podemos valer de ella. Es aprender a manejar los tiempos, aprender a controlar nuestras emociones. Hay ocasiones en las que la pasión es una buena guía, pero no siempre puede tener la razón. Lo que parece necesario es mantener el control de las emociones con algo de frialdad razonable. Estoy convencido de que si, culturalmente, aplicamos la sensatez de la frialdad en los momentos adecuados, la selección no fallaría en una definición tan definitiva como son los lanzamientos desde el punto penal. Aunque, siendo muy realistas, esta característica debe aplicarse a todos los contextos de la vida.
El objetivo es encontrar un punto de equilibrio, donde nos dejemos contagiar por la pasión y alegría de la emotividad, pero aprender a controlar esta emoción con la razón en los momentos de frialdad.
AUTOR: JULIÁN DAVID RINCÓN RIVERA (COLOMBIA)
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Julián David Rincón Rivera, segundo de dos hijos, nacido en Bogotá, Colombia el 7 de abril de 1994. Profesional de Cultura Física, Deporte y Recreación.
Lector apasionado, escritor por elección, músico por diversión.
Cuenta con tres publicaciones antológicas con la editorial ITA, además de dos publicaciones en proceso, también de carácter antológico, con factor literario y la editorial mítico.
Con varias publicaciones en revistas de américa latina, encuentra en la escritura el mejor sustento para su vida.
Instagram: @relatero_literal
